La desigualdad de Clase Ante el Covid-19
Por José Antonio Rivera Medina y Odette Hernández Barroso

En pleno siglo XXI, ante un contexto en el que se plantea que las desigualdades entre las diversas clases sociales que pueden llegar a existir en una sociedad son cada vez más mínimas. Eventos como el de la pandemia de la Covid-19 dejan ver que en realidad los aspectos de clase y las desigualdades sociales en el mundo, pero, sobre todo, en países periféricos y latinoamericanos se hacen notar más que nunca.
Al respecto, valdría la pena mencionar que justamente a mitad de año fue publicada una columna de opinión en la cual, se hace notar, que muchas de las personas mexicanas que se consideran clase media, en realidad no lo son, y que la clase media en este tipo de países representa tan sólo al 12% de la población total y que, en realidad, la idea de pertenecer a una clase social más alta tiene que ver con cuestiones ideológicas y de consumo[1]. Pero es precisamente ante este tipo de coyunturas que estas desigualdades sociales pueden ser vistas de manera más clara y cotidiana.
Con lo anterior, nos referimos a que existen diferentes maneras de enfrentar la pandemia de Covid-19 que azota al mundo, en el área de la toma de decisiones públicas, hemos visto a gobiernos implementar el confinamiento, toque de queda, medidas de sana distancia, uso obligatorio de cubrebocas, suspensión de actividades no esenciales, etc. Pero es importante recalcar que estas medidas afectan a las personas que integran una sociedad de manera diferente, es decir, para algunos, lidiar con esta situación será más fácil y llevadero que para otras y esta diferencia, radica principalmente en el tipo de clase social a la cual se pertenece.
Con ello se quiere decir que, no es lo mismo contagiarse de la COVID-19 saliendo todos los días a trabajar, que contagiarse de la COVID-19 en una fiesta realizada con amigos, o atendiendo a pacientes diariamente, durante más de medio año como médico de primera fila. En este caso, las diferencias abismales entre los ritmos de vida, se adjudican a la brecha de desigualdad laboral, académica, género y clase. Reflejando de esta manera crisis en la vida personal.
Es por ello que, en el caso de la COVID-19 afrontar la enfermedad también va a variar en función de la capacidad económica y de los derechos sociales a los cuales se tenga acceso, aspectos que se encuentran plenamente ligados a la pertenencia de clase. Para entender lo anterior, podemos observar diversos estudios que nos hablan sobre esta correlación entre las clases sociales y la mortalidad de la COVID-19, donde encontramos que de cada 10 mujeres que han muerto por COVID19, 7 no tenían un trabajo remunerado, es decir, eran amas de casa, siendo las más expuestas a mercados, transporte público y mercados sobre ruedas. Sumando que son personas que carecen de todo acceso a servicios de salud pública, quedando a la suerte del salario de sus familiares, siendo así que, según reportajes del periódico El Financiero, tratar la enfermedad en hospitales privados puede llegar a costar entre 920 mil a 940 mil pesos al día. En este caso, un trabajador con salario mínimo ($123.22 mxn) tendría que trabajar 20 años para lograr costear un día de terapia intensiva en un hospital privado.
Concluyendo de esta manera, la COVID-19 resulta ser más riesgosa para el 80% de la población en México, esto con base en sus ingresos económicos, derechos sociales y la capacidad que tengan para pagar o no una atención médica. O lo que viene siendo, la mortalidad de la COVID-19, también es un asunto de clase.
[1] Dicha opinión, se puede revisar en el siguiente link: https://www.nytimes.com/es/2020/07/06/espanol/opinion/clase-media-mexico.html




