
El repudio, rechazo, burla y desprecio a las infancias, lamentablemente se ha vuelto una terrible actitud cotidiana entre los adultos jóvenes; siempre haciendo mofas, burlas y chistes sobre las infancias, sobre como son tan insoportables, maleducados, ignorantes, miedosos etc. Sobre como fantasean con agredirlos físicamente cuando no tiene un comportamiento adecuado y no son agredidos con una represalia física por parte de sus padres, y de manera preocupante, es necesario aclarar y señalar que este tipo de pensamiento, el cual es generalmente aceptado, comulgado y reproducido con gran parte de la población “millenial” contiene un fuerte trasfondo misándrico y adultocentrista.
¿Por qué debería existir un odio hacia los niños cuando TODOS en algún momento de nuestra vida, lo fuimos? ¿Por qué causa gracia la imagen de una persona pateando a un bebé que no puede dejar de llorar? ¿Por qué tratamos a los niños como si fueran seres inferiores, distintos e ignorantes? ¿Por qué creemos que ellos no se percatan de esto? Porque el sentido de superioridad permea en la errónea creencia de madurez se ha arraigado a nuestros ideales. Siendo así, y dejando de lado la problemática latente y visible, que funge como la punta del iceberg, tenemos que mover la mirada a la sistematización del problema: creer que los niños son tontos.
Esto va más allá de una frase aceptada de manera unánime, muchas personas podrán decir que jamás considerarían real esta idea, pero entonces, tomemos un ejemplo claro pero invisible a la vista de muchos: categorizar las producciones audiovisuales de la animación como algo exclusivo para el publico infantil.
Los Premios de la Academia o “Los Premios Oscar”, tienen dentro de sus categorías, una premiación específica al género animado, en la cual, existe (ya desde hace bastantes años) una inconsistencia de forma y fondo al englobar distintos filmes que comparten una sola característica (su representación audiovisual) y no su género en sí: terror, suspenso, etc. Películas del monstruo comercial Disney, han compartido el podio con producciones como “Anomalisa”, una cinta animada adulta que trata temas como la sexualidad, la infidelidad, la rutina, la recurrente crisis de mediana edad que sufren muchos adultos, entre otros.
Este es simplemente, uno de muchos ejemplos que nutren dicha idea. Estas acciones conllevan una gran falta de respeto, ya que, como sociedad, hemos minimizado el trabajo de muchísimos artistas al creer que su contenido es apto para toda la familia y al mismo tiempo, a las infancias, porque se reduce su creatividad e inquietud con creer que, viendo cualquier dibujo colorido, se podrán distraer y dar un momento de paz a sus padres.
Una de las etapas más importantes para poder desarrollar habilidades interpersonales como la resiliencia y tolerancia a la frustración es la infancia. Ignorar a nuestros hijos, hermanos, sobrinos, etc. con acciones que minimicen sus sentimientos, incrementa las posibilidades de crecer siendo un adulto con problemas emocionales y de responsabilidad afectiva.
Las infancias, quizás serán ingenuas, pero no simples. Es por ello que, su creatividad, curiosidad e ideas deben ser escuchadas y no sólo eso, sino tomadas en cuenta. Nuestra sociedad se encuentra inmersa en problemáticas, oposiciones, cambios y una constante evolución, todos tendremos oportunidad de vivir cada una de las etapas de crecimiento conforme a lo que aprendamos, aceptemos y reproduzcamos; las infancias representan la oportunidad vital para heredar aquella posibilidad de una construcción social libre de prejuicios, con respeto a las libertades y que tenga cabida a todas las inquietudes de sus sectores. Prestar atención a los niños que nos rodean se reflejará en la coyuntura que permita visualizar el mundo con una lógica más sencilla y tenaz. Prestar atención a los niños que nos rodean es reivindicar la dignidad que merecemos como humanidad.



