Opinión

La utopía de la reinserción social en México

Por Guadalupe Hernández.

La Ley Nacional de Ejecución Penal en México, establece que dentro de las bases de organización del sistema penitenciario para poder lograr la reinserción social estará el respeto a los derechos humanos, el trabajo y capacitación para el mismo, educación, salud, deporte, y que éstos serán elementos esenciales del Plan de Actividades para aquellas personas que están en los Centros Penitenciarios.

Lo anterior forma parte de los derechos fundamentales que nuestro país debe respetar como estado aliado de la Convención Americana sobre Derechos Humanos del Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos, cuestión que está estipulada en la Constitución Política de nuestro país en su artículo 18. Sin embargo, aunque la ley establece lo anteriormente mencionado, hasta el día de hoy, no es una realidad y difícilmente se logra una exitosa reinserción social para aquellas personas que cometen algún delito.

Según la Secretaria de Gobierno, la reinserción social idóneamente debiera ayudar a la población recién egresada de los centros penitenciarios y sus familiares a través de diversos apoyos sociales para contribuir a la prevención y disminución de la reincidencia delictiva. Lamentablemente, estos apoyos no suceden al cien por ciento y son muy pocos los casos en los que realmente la población logra reinsertarse a la sociedad después de haber estado en un Centro Penitenciario y es que, como menciona el testimonio de Jessica en una nota del periódico “El Universal”, “Vivir en prisión no es fácil, pero salir de ella tampoco lo es”.

Aunado a esto, hay diversos testimonios que se han realizado que dejan al descubierto la difícil y precaria situación que se vive dentro de los Centros Penitenciarios, sucesos como el hacinamiento, la falta de atención médica y psicológica, la falta de división de los presos debido al sobrecupo en los centros penitenciarios, la violencia que viven muchos internos, tráfico de drogas en el centro y el cobro de “tarifas” a los internos, son factores que contribuyen a que muchas de las personas que se encuentran compurgando alguna pena difícilmente puedan cumplir con su programa de reinserción social y cuando están listos para salir de algún centro penitenciario, en poco tiempo reincidan. Tan sólo en el año de 2018, según la Encuesta Nacional de la Población Privada de la Libertad, uno de cada cuatro reos de la población total en los penales mexicanos eran reincidentes, la mayoría reincidían por robo en un 60% según esta encuesta.

Sin duda, en nuestro país el tema de reinserción social es otro de los sectores en los que hace falta una verdadera mejora y es más que necesaria. Si en México se trabajara para darle otro enfoque a la Reinserción, de otra situación se estaría hablando, definitivamente el tema ya no sería una utopía. Existen países como Noruega, que, conforme a una nota publicada por la BBC, manejan el “principio de normalidad” en sus cárceles, el concepto que este principio trabaja es el siguiente: “un día de prisión no debe ser para nada distinto a lo que sería en la vida diaria”. Se maneja un sistema progresista en el que, al principio los presos comienzan compurgando sus penas en cárceles consideradas de mayor seguridad, la diferencia de otros sistemas penitenciarios en el mundo radica en que, en el sistema noruego se considera hacer una transferencia a prisiones de menor seguridad para poder crear una transición gradual de la prisión a la libertad. Y poco tiempo antes de cumplir su sentencia los presos son transferidos a casas de adaptación para poder garantizar que su permanencia comience a parecerse a una vida normal. De igual manera no se les violentan sus derechos y se les garantizan estudios, ejercicio, salud, distracciones como ver televisión o leer los periódicos como es el caso de la prisión de Breivik en este país, si bien mucho se ha dicho que es un sistema muy flexible, curiosamente la reincidencia criminal es del 20%, siendo la tasa más baja de todo el mundo.

Esto nos demuestra que, si se llevan a cabo las medidas necesarias y el sistema penitenciario es el adecuado, la reinserción social es posible. En nuestro país es necesario que se elaboren reformas adecuadas que permitan que las personas que se encuentren compurgando alguna pena logren reinsertarse a la sociedad sin tener problemas por haber estado en algún centro penitenciario. Aunque también como sociedad debemos de cambiar nuestra mentalidad hacia las personas que han estado internas en estas cárceles, ya que también tenemos un papel importante para que ellos puedan incorporarse nuevamente a la sociedad y a nuestro entorno, lamentablemente aún persiste la ideología de discriminar a quien estuvo en prisión y difícilmente consiguen empleo o no pueden lograr que su familia y amigos tengan confianza de nuevo en ellos. Se trata de un procedimiento que difícilmente cambiará en nuestro país y quizás deban transcurrir varios sexenios más para lograr que la reinserción social ya no sea una utopía en México.

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