Opinión

La misoginia y la homofobia caminan de la mano en México

Por Sandra de La Garza.

No es ninguna noticia nueva que nuestro país, lamentablemente, se posiciona en altas posiciones cuando nos referimos a situaciones de discriminación. Podemos otorgar una larga lista de problemáticas como lo serían: el racismo, el clasismo, invisibilizarían de grupos vulnerables como las personas de la tercera edad o personas con discapacidad, etc.

Sin embargo, las problemáticas que afectan a las mujeres y a las personas de la comunidad LGBT+ se encuentran profundamente relacionadas por una causal en común: la violencia machista en México. 

Y para entenderlo de una manera más amplia, necesitamos recalcar ciertos conceptos básicos: la misoginia, el machismo y el patriarcado.

Cuando nos referimos a la primera, hablamos de aquella creencia que desprecia y posiciona en desventaja al género femenino, el machismo es la máxima expresión de violencia misógina pues se refleja en todo tipo de agresiones hacia la mujer; Finalmente, como patriarcado, tenemos a este sistema estructural inmerso en las jerarquías sociales, políticas, culturales y educativas, en el cual se perpetúan de manera natural, los dos conceptos anteriormente mencionados.

Siendo así, es que desde pequeños se nos enseña que como mujeres o como hombres, existen roles y cánones a los cuales debemos adecuarnos obligatoriamente para mantener el status quo. Ser masculino o femenina, ser heterosexual, respetar y reproducir estereotipos de género (las mujeres a la cocina y los hombres al futbol) y conceptualizar en la misma categoría al género y al sexo asignado al nacer.

Los resultados de una “rebeldía” al no seguir estas normativas implícitas pero obligatorias resulta en un rechazo y repudio despiadado. Podríamos ejemplificarlo de muchas maneras, pero siendo más específicos, esto se refleja en las molestias incuestionables hacia el feminismo, hacia las mujeres que protestan con los pechos de fuera y que después son equiparadas con chimpancés, porque están usando su cuerpo para exigir una problemática propia y no para perpetuar un estereotipo de consumo; Y por otro lado, en la comunidad lgbt, podemos apreciar agresiones en las que los hombres homosexuales son equiparados con “niñitas”, como si el ser mujer fuera algo negativo.

Nos podemos percatar entonces que, cuando un individuo, no respeta aquellas líneas y “códigos” establecidos es rechazado, repudiado y hasta agredido en muchas ocasiones. Y sobre todo cuando hablamos de esta confusión y mezcla que encasilla con las mismas necesidades y exigencias a las mujeres y a la comunidad lgbt.

Por ejemplo, hace algunos meses, la fiscalía del estado de Jalisco, tipifico como “feminicidio” el asesinato de un joven perteneciente a la comunidad LGBT, siendo que ya existen protocolos para atender delitos en contra de esta comunidad, que difieren, más que claro, de una agresión hacia las mujeres. De esta manera se nos refleja la pereza y desinterés con el que los operadores de justicia trabajan referente a grupos vulnerables. Ese, fue por parte del estado, un palpable acto de machismo y homofobia.

Mientras no exista la preocupación suficiente por hacer ver estas problemáticas, nos encontraremos inmersos en un México que aun condena a las mujeres por tener aspiraciones y a los hombres por decidir amar libremente.

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