
En México desde principios del siglo XX se formaron coaliciones partidistas entre federalistas y centralistas, entre los ritos masónicos escocés y yorkino, entre conservadores y liberales, así como el Partido Reeleccionista, el Partido Nacional Democrático y el Gran Partido Nacional Obrero en 1909 con el fin de apoyar la candidatura de Porfirio Díaz. Esto demuestra que esta práctica política no es de aplicación reciente en nuestro sistema político electoral.
Es decir, los partidos políticos forman alianzas electorales, para mejorar sus perspectivas electorales, ejercer el poder, permanecer en éste, obtener mayoría en los recintos parlamentarios e influir en la toma de decisiones en el gobierno o para superar los periodos de crisis.
La creación e integración de coaliciones por partidos políticos son positivas en las democracias porque concentran el pluralismo partidista en una fuerza política que representa las necesidades de un sector determinado y considerable de la sociedad, que al ser atendidas generarían un gobierno estable por la confianza y aceptabilidad de los ciudadanos hacia la forma de gobierno de los partidos coaligados.
El problema no es su formación e integración, sino la inexistencia de afinidad ideológica de los partidos miembros, puesto que, por coherencia política, las entidades de interés público que forman la coalición, deberían tener similitudes o al menos coincidencias en su cosmovisión, en sus principios o en sus valores; esto debiera ser así, ya que de esa manera, los partidos coaligados, generarían credibilidad y confianza en los electores respecto de su estabilidad ideológica, en sus argumentos, y en su forma de ejercer el poder.
Es decir, los ciudadanos que emitieron un voto favorable a la coalición tendrán la seguridad que los gobernara un grupo de partidos coherentes con sus principios, acciones y por ende en su forma de gobierno.
Sin embargo, en el ejercicio de la democracia mexicana, se han coaligado en diversas ocasiones, alianzas partidistas con ideologías diversas e incluso contradictorias; así pues, han celebrado convenio de coalición partidos de izquierda con partidos de derecha, lo que resulta incompatible porque los principios, ideas, formas de pensamiento sobre la vida, la muerte, o bien sobre las preferencias sexuales, es completamente opuesto, de tal forma que la situación referida, es como decir que el agua y el aceite son compatibles entre sí.
A manera de ejemplo, de lo descrito en el párrafo que antecede se encuentran algunos partidos políticos tales como Partido Acción Nacional (PAN), quien durante algún tiempo no buscaban alguna alianza electoral con sustento en el argumento de la conservación de la ideología política del resto de los partidos; Sin embargo, hoy en día dicha entidad de interés público forma parte de la coalición “Va por México” que a su vez está integrada por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y por el Partido de la Revolución Democrática (PRD).
Por lo anterior, es conveniente cuestionarnos si, ¿realmente se trata de conservar la ideología política de cada partido o las coaliciones se hacen a conveniencia de cada partido debido a la necesidad política de la elección en turno? ¿la finalidad de las coaliciones es buscar el poder para beneficiar a la población o solamente para obtener el poder?
En conclusión la formación e integración de coaliciones de partidos políticos con ideologías distintas lamentablemente es común en la forma de hacer política en nuestro país, y esto sucede porque las entidades de interés público que forman coaliciones no buscan el bienestar del pueblo, el bienestar común, sino más bien, su objetivo es mantenerse en el poder, es decir tener el poder por el poder. Razón por la cual evidentemente hay desconfianza por parte de la ciudadanía hacia los partidos políticos y más aun hacia aquellos que se coaligan con otros con principios e ideas ideológicamente contrarios.



