
Los comunicados de diversas autoridades públicas y religiosas a lo largo de México sobre la incredulidad o falta de atención a la demanda por su cargo, han sido una constante, frases como “no existe”, “tenemos la bendición de Dios”, “no lo voy a usar (refiriéndose al cubrebocas)” entre tantas frases hechas y aún dichas o tendientes a serlo, solo han expuesto más la población que los ven fervientemente a la forma de sabios. ¿Ver las muertes y los contagios de grandes sumas, no les genera una empatía en pro de acciones? Un claro hecho esta en cuya forma ha sido visto como simples números, sin mayor trascendencia, en ocasiones, pese a un contagio sufrido, la renuencia a tomar medidas más contundentes en su actuar, cae en situaciones preocupantes para aquellos a su alrededor
La importancia de solicitar o hacer mandatorio el uso de cubrebocas para todas las autoridades, más de aquellas multireconocidas es menester, pues su reconocimiento como persona pública/ de gran fama implica tener una respuesta de mayor atención de la sociedad. Si llegamos a exigirles o satanizar con mayor énfasis a los “youtuber, Influecers, famosos, cantantes, lady’s, lord’s o trabajadores de diversos sectores.” ¿Por qué no exigir con mayor o igual ahínco a los servidores públicos? Habrá quienes señalen, una forma de desesperada de la oposición al señalar ello, cuando hay otros temas en la mesa, sin embargo, al cuestionar ello automáticamente, si es en la red social Twitter, cae la “#redAMLO” atacando por no seguir lo dicho por el gobierno o mostrar los demás temas. La critica debe ser pareja, aún cuando cambiemos de color o debamos bajar del pedestal a tal o cual personaje o sujeto.
Hablar sobre los “positivos” buenos días, tenidos en este mes, en cuanto a casos de contagios puede sonar insulso. Señalar que se han visto en una reducción del 50% o un 75% de fechas pasadas (el mes de enero) los constantes turistas quienes aglomeran playas en las vacaciones o en puentes vacacionales, pudo ser un factor de gran relevancia, la prolongación de llamado “buen fin” y la necesidad de reactivar gran parte de la economía, fiestas del fin y año nuevo, así como permisos para “los reyes en horarios especiales”, la coordinación del ambulantaje a través de halcones en los puntos de acceso a las vialidades, jugaron un papel importante en tales resultados. Sumando la actuación tanto irresponsable como responsable de cada persona al realizar fiestas, tomar vacaciones las cuales, impliquen el traslado a zonas foráneas, contrario a la idea de una reactivación en este sector tan especial de la economía mexicana, fiestas patronales, reuniones superiores a las señaladas por las autoridades, festivales, eventos deportivos, actos de campaña en vísperas de elegir a los candidatos quienes contenderán en los próximos comicios, entre otros, nos acercan a regresar las cifras de terror como las del mes pasado. Llegar a ese 250,000 de personas víctimas de COVID suena, cada día, un evento inevitable.
Por otro lado, usar el discurso, cuyo reflejo hecho es la realidad de parte del grueso de la población, siendo un presidente quien puede resguardarse y dirigir desde la distancia a las dependencias de gobierno a través de su gabinete, cae en lo ridículo. Decir ello, comparar el sueldo de un presidente, las prestaciones y recursos extra, contra las condiciones de un gran porcentaje de la población cuyos ingresos se quedan por debajo o muy debajo de los 10 mil pesos mensuales (esto sin hacer el recorte de los impuestos pertinentes) o sin las prestaciones, podría ser insultante. Este discurso buscó la empatía o identificación de la población. ¿Funcionó? o ¿Cuál era la pretensión de esto?
La marca diferencia que hacemos ante un correcto discurso y forma de actuar, ambas actúan de en conjunto. Hacer uso irresponsable, ante hecho visibles, con situaciones así, diversos mandatarios o autoridades civiles, religiosas entre otras, ejecutaron un camino escabro, tomar algunas medidas irresponsables al inicio de esta pandemia, pero han tratado medianamente de enderezar ello, reflejando la posibilidad de modificar el actuar, admitiendo los errores en diversas decisiones. Les pesa más estas condiciones, ver mermada su imagen pública, aunque será un mal necesario, la caída de la imagen al aceptar aquellos desaciertos es necesaria para dar paso a una pronta actuación o implementación protocolos más acertados, en sus especiales ámbitos de influencia. ¿O les gusta de ver las largas filas en distribuidores de oxígeno o en crematorios?
No existe tiempo ni causa justificable para no ser responsable ante esta enfermedad. Recordemos que, si todos actuamos con responsabilidad colectiva, más pronto podremos dejar de aglomerar los hospitales o reacondicionarlos, dejando de atender a aquellos pacientes o convalecientes de otras enfermedades o afecciones.


