
El río Atoyac enfrenta una crisis ambiental y de salud pública crítica debido a la descarga sostenida de 3 mil 600 litros por segundo de aguas negras con altas concentraciones de contaminantes.
Estos vertimientos ilegales contienen amoniaco, metales pesados, coliformes fecales, cianuros y una demanda bioquímica de oxígeno que excede diez veces el límite permitido.
Las aguas residuales contienen 24 mil unidades de contaminantes fecales por cada 100 mililitros, además de peligrosas concentraciones de plomo, arsénico y mercurio.
La falta de tratamiento adecuado y la omisión de las autoridades han permitido que efluentes de fábricas textiles, plantas químicas y automotrices lleguen a los cauces sin ningún control.
IMPACTO DEVASTADOR EN LA SALUD PÚBLICA
Las consecuencias para la salud de la población poblana son alarmantes.
Se ha registrado una tasa de mortalidad por enfermedad renal crónica casi cinco veces superior al promedio nacional.
Además, niños y jóvenes presentan casos de cáncer, daño renal subclínico, deficiencias cognitivas y niveles elevados de arsénico en sangre.
Los campesinos expuestos directamente a estas aguas contaminadas reportan lesiones cutáneas.




