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¿Prolongación republicana, resurgimiento demócrata o caos electoral? Elecciones presidenciales 2020 en Estados Unidos

Por: Ana Isela Hernández Severiano

Si existe un tema controversial en el escenario mundial de los últimos años seguramente tiene que ver con una decisión tomada por el actual presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, quien desde que ha ocupado el cargo nos ha mostrado, con el retorno de un pensamiento conservador y proteccionista, que el precepto de que la historia es cíclica puede ser una realidad.

            El 2020 apuntaba a ser un año dramático en el funcionamiento bastante controversial ya de un país como el norteamericano, que a nivel internacional continúa siendo el mayor actor de influencia en términos políticos, económicos y de seguridad.

 

Foto: The Guardian

Año electoral: presidencia, Senado, Cámara de Representantes, el proyecto político de los dos principales partidos políticos al interior era de suma importancia, pero lo que no vieron venir fue el desarrollo de ésta jornada en medio de una pandemia como la que estamos viviendo actualmente, que escaló a niveles sin precedentes.

            Las predicciones del drama no fueron erróneas en absoluto, comenzado por el juicio político a Donald Trump que comenzó a finales del 2019, tras enfrentarse a dos artículos de impeachment, siendo acusado en primer lugar de abuso de poder por retener $391 millones de dólares en ayuda a Ucrania como herramienta de coerción para forzar al país europeo a investigar a Joe Biden (su potencial contrincante por parte del Partido Demócrata en la evidente búsqueda de la renovación del mandato presidencial con los republicanos) y en segundo lugar por obstrucción al Congreso, al evitar que la Casa Blanca participara en el proceso de reunión de evidencias (BBC News, 2020), juicio político del que fue absuelto el 5 de febrero de 2020, y que aparentemente no tuvo un alto impacto en las estadísticas referentes a su campaña (BBC News, 2020).

            Al interior del Partido Republicano resultaba evidente el apoyo a la campaña de reelección de Trump, pese a los rumores de que no era bien visto dentro de algunas élites de republicanos moderados que fueron previstos en declaraciones como la del Senador John McCain en 2017, en la cual aseguraba que el presidente era visto como débil (The New York Times, 2017). Tal apoyo se consolidó tras la retirada de la contienda para la candidatura oficial del partido por parte de políticos como Weld, Walsh, De la Fuente y Sanford, que se declaraban principales rivales del actual mandatario.

            En el Partido Demócrata quizá pudimos ver una mayor interacción con uno de los más amplios intervalos de posibles candidatos en la historia de EEUU, que con los resultados del “Súper Martes” 3 de marzo de 2020 se redujo a 3: Joe Biden, Bernie Sanders y en teoría, Tulsi Gabbard, aunque con el porcentaje tan bajo en votos no fue tomada en cuenta. Vimos a Gabbard despedirse de la contienda poco más de dos semanas después y el 8 de abril los medios y las redes sociales explotaron cuando Bernie Sanders, quien llevaba una importante trayectoria en las primarias hasta ese momento, y tras sentarse a charlar con el ex-presidente Barack Obama, anunció el fin de su campaña, expresando su apoyo a Biden, al igual que otros posibles candidatos retirados (La Vanguardia, 2020).

            El escenario entonces se reduce a dos apellidos: Trump vs Biden. Es importante mencionar que también tenemos en la escena a los posibles candidatos de otros partidos como el Partido Libertario y el Partido Verde, además de los candidatos independientes, pero en términos reales, el debate Demócrata – Republicano siempre protagoniza el concierto político estadounidense.

            Los hechos descritos anteriormente nos han llevado a una contienda que aunque aún no se hace oficial, se encuentra muy reñida. En la actualidad, las estadísticas de las primarias en el camino al nombramiento final de candidatos a la presidencia, en términos de delegados declarados (los responsables de tomar dicha decisión) se encuentran de la siguiente manera:

 

Elaboración propia a partir de NBC News, 2020 primary elections. Delegate Count, consultado el 20 de mayo de 2020, disponible en: https://www.nbcnews.com/politics/2020-primary-elections/delegate-count

De los 2,662 delegados declarados existentes en los demócratas, se necesitan 1,991 para obtener la nominación. Cabe destacar que el único posible candidato activo es Joe Biden.

Elaboración propia a partir de NBC News, 2020 primary elections. Delegate Count, consultado el 20 de mayo de 2020, disponible en: https://www.nbcnews.com/politics/2020-primary-elections/delegate-count

En este caso, de los 1,633 delegados declarados se necesitan 1,276 para ganar la nominación, por lo que Donald Trump, con base en estos datos, sería el presunto candidato del Partido Republicano.

            Aunque el resultado es bastante evidente, las candidaturas se harán oficiales hasta el momento en que se realicen las Convenciones de cada partido, lo que nos lleva a un tema central en este análisis: las consecuencias y posibles consecuencias de la COVID-19 en el proceso.

            La fuerte expansión de la COVID-19, cuyo país más afectado en el mundo es precisamente Estados Unidos, ha retrasado algunos procesos de las primarias, algunos centros de votación se han cerrado, las Convenciones de los dos principales partidos en contienda se han reprogramado para llevarse a cabo en agosto, mientras que las de partidos secundarios se han desarrollado o están por desarrollarse en línea. Aquí encuentran lugar preguntas importantes que ya se discuten en diversos medios ¿Se retrasarán las campañas, los debates y por ende las elecciones? ¿El voto por correo es realmente viable?

            El martes 3 de noviembre de 2020 es el previsto por la Constitución estadounidense como la fecha para llevar a cabo la jornada de elecciones, en donde se ha de configurar el Colegio Electoral. Recordemos que en el complejo y particular sistema norteamericano las elecciones se realizan de manera indirecta, es decir, los ciudadanos, con base en sus preferencias respecto a los candidatos, elegirán a delegados de cada estado que teóricamente son fieles al voto popular, quienes a su vez designarán al nuevo presidente y videpresidente o reelegirán a los actuales titulares el 14 de diciembre, en aras de garantizar que dicha decisión ha sido tomada por un público informado y profesional en éste contexto.

            El supuesto de que se confirme un retraso de las fechas citadas anteriormente no es en absoluto una opción viable ni probable, ya que conllevaría un ejercicio legislativo bastante tedioso además de inconveniencia en la sucesión debido a la vigencia del periodo actual en las ramas ejecutiva y legislativa del país.

            A sabiendas de esto, hay que trasladar el cuestionamiento a otra perspectiva: ¿el proceso democrático se realizará de manera legítima y transparente? El Pew Research Center realizó una encuesta nacional a principios de abril de la que podemos destacar tres aspectos: el primero referente a si la pandemia afectará la capacidad de personas que puedan ejercer su derecho al voto, en lo que el 67% de la población estuvo de acuerdo, siendo una mayoría en la tendencia demócrata y la mitad en la tendencia republicana (PRC, 2020).

El segundo aspecto abarca el tema del voto por correo que ya se mencionaba, y que se utiliza generalmente en casos particulares y en los que se debe comprobar por parte de los ciudadanos la necesidad de dicha mecánica para ejercer este derecho constitucional, que aunque fue criticado por Trump como vulnerable a presentar irregularidades, simpatiza con un 70% de la población, que desea abrir el método a todas las elecciones y ante cualquier votante que lo desee (PRC, 2020).

Finalmente, un 59% de los estadounidense confían en que la votación se llevará a cabo de manera clara y precisa, y pese a los inconvenientes por la COVID-19, un 63% cree que todos los ciudadanos que lo decidan podrán votar sin obstrucciones legales (PRC, 2020).

            Los temores de la población se traducen en una jornada electoral de largas filas, de centros de votación repletos de personas y en donde no se puedan ejercer correctamente las medidas de prevención  en un país en donde hasta éste momento se reporta casi millón y medio de contagiados y cerca de 90 mil muertes por la pandemia (OMS, 2020), pero este año dicha jornada es crucial, ya que también se juega la configuración del Senado y de la Cámara de Representantes.

            La Cámara de Representantes o Cámara Baja cuenta con una significativa mayoría demócrata, pero lo que está en un riesgoso juego es el Senado o Cámara Alta, en el que 53 de los 100 escaños pertenecen a los republicanos, por lo tanto, si los demócratas desean recuperar su control deberán obtener 3 escaños más, en el supuesto de que Biden (quien apunta a ser el candidato oficial) se lleve la presidencia. De lo contrario, el número aumentaría a 4. Según The Guardian, Doug Jones, demócrata, no se considera en condiciones para reelegirse por Alabama en el Senado; si pierde, entonces el partido necesitará ganar otro escaño republicano, pero resalta que otros miembros como Gary Peters en Michigan, avanzan significativamente, lo mismo ocurre con estados como Arizona, Colorado y Carolina del Norte, claves para la justa presidencial (2020).

            Entonces, tenemos enfrente todavía la mitad más crucial de un proceso electoral muy importante para el sistema internacional en su totalidad, que puede ser (y muy probablemente será) golpeado por la COVID-19 como casi todos los aspectos en EEUU y en el mundo, por ende, si se decreta una dinámica de votación con las opciones que hasta el momento se consideran, seguramente existirán irregularidades en el proceso e intenciones de impugnar cualquier resultado. Quizá es un poco extremo decir que la decisión ahora recae en si se debe priorizar la salud de los connacionales o una estructura gubernamental sólida en términos democráticos, pero la idea no se descarta.

            En cuanto al resultado, la pandemia también ha tenido efectos al respecto, la última encuesta de CBS mostraba un 57% de personas en EEUU que considera que Trump ha hecho un mal trabajo, en contra de un 47% (El País, 2020). El presidente ha sido fuertemente criticado por su respuesta y lentos y malos resultados ante la COVID-19, acompañados de una constante recriminación a la República Popular de China, que sumado con las estadísticas representa la gran oportunidad de Biden, sin embargo, el hecho de que Trump tenga acceso a los reflectores estos días es una obligación como Jefe de Estado y una ventaja como candidato a reelección, ya que puede continuar indirectamente con un ejercicio de propaganda frente a un Biden en cuarentena cuya arma mortal es la plataforma Twitter.

La historia nos ha mostrado que es muy difícil vencer a una dupla de presidente/vicepresidente en el camino a la reelección, pero tratándose de uno de los años más controversiales, los demócratas tienen un amplio número de posibilidades. Después del 3 de noviembre en teoría se podrá vislumbrar qué le depara a los Estados Unidos para el próximo periodo, sin embargo, no debemos olvidar que el Colegio Electoral no está obligado legalmente a respetar el voto popular (aunque las autoridades estatales podrían ejercer medidas para forzarlo) por lo que aunque el partido demócrata ganara en la voz de los ciudadanos, la votación final podría dar la vuelta como ya ocurrió en 2016, cuando Hillary Clinton fue la elegida por los ciudadanos estadounidenses pero perdió la contienda frente al voto del Colegio.

Para comunidad internacional la victoria demócrata podría presentarse como el escenario ideal, en añoranza quizá a un periodo presidencial de Barack Obama, que se caracterizó por una mayor apertura a la cooperación más allá de las relaciones transatlánticas y los temas militares. Desde que Trump está al frente de EEUU, el sistema internacional se ha llenado de incertidumbre, por lo que regiones que dependen directamente de las relaciones con éste país han tomado medidas al respecto, como América Latina buscando diversificar sus relaciones en términos Asia-Pacífico, y la Unión Europea, cuya hermandad histórica con el país norteamericano se aprecia un tanto lejana en posturas como lo referente al Acuerdo Nuclear con Irán o el fortalecimientos del trabajo bilateral con Asia.

Pero volviendo a la decisión per se, no debemos subestimar el tema de la preferencia popular al interior de EEUU, ya que los índices de aceptación de Trump han aumentado visiblemente. Con un discurso fuerte, de argumentos y coerción directa (calificados constantemente como racistas), acompañado de decisiones bastante controversiales, el mandatario ha logrado integrar en gran parte del ideario colectivo la prioridad de la seguridad nacional, despertando un sentido de identidad en las élites.

Los próximos meses son cruciales para las predicciones a final del año en curso, y cualquiera que sigue el asunto en los medios o en Twitter, lo detecta fácilmente. La oportunidad de los demócratas se encuentra en apuntalar las fallas del gobierno actual, sobre todo en medio de la pandemia así como en afianzar a los sectores vulnerables del mismo, y entonces quizá veamos el retorno de un Estados Unidos demócrata, sin embargo, la posible renovación de la batuta para Donald Trump y Mike Pence, con la prolongación de un proyecto de “Hacer a América grande de nuevo” cada vez más asimilado sigue muy latente. Hay que ver qué nos dicen los indicadores este 2020. Si la vida no es color de rosa, la política y las relaciones internacionales tampoco lo son.

 

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