Opinión

Mito o realidad: El reciclaje como significado de economía circular

Por Mtra. Cynthia Selene Leal.

Las revoluciones industriales nos han permitido identificar un antes y un después en los aspectos económicos, sociales y tecnológicos. Sin embargo, la segunda revolución industrial fue parteaguas del modelo económico lineal, transformando la satisfacción de necesidades de manera más rápida hasta convertir a las sociedades en consumistas.

El modelo de la economía lineal ha tomado fuerza a través de distintos proceso de comunicación hasta alcanzar la conectividad entre los países mediante la globalización. Identificando de manera inmediata las necesidades globales atendiendo a la ubicación y transporte de los recursos naturales, necesario para acelerar los procesos de la economía, desde la extracción de recursos naturales, procesos de producción, distribución de productos, consumo y desecho.

Sin embargo, los efectos del modelo han hecho de las suyas por diversos factores, como son: el incremento en el número de habitantes, la aceleración en la demanda de consumo y la escasez de los recursos. ¿Y cómo se analiza este impacto? La huella ecológica es un indicador de impacto ambiental generado por la demanda humana de los recursos existentes en los ecosistemas, esta demanda es mucho mayor a los recursos disponibles. Derivado de ello, el pasado 22 de agosto fue el “día de la sobrecarga de la tierra”. No, no se trató de un día festivo, por el contrario, de acuerdo con Global Footprint Network (GFN), fue el día en que agotamos los recursos naturales correspondientes al 2020, esto es que excedimos la biocapacidad dispone en el ecosistema, por lo que podría decirse que al día de hoy, todo lo que consumimos y consumiremos hasta finales de 2020, ya sea energía eléctrica, agua, productos, alimentos y demás, será agotando recursos que correspondían al 2021. El día de sobrecarga varía cada año, en 2016 fue el 8 de agosto, en el 2018 ocurrió el 1 de agosto y en 2019 sucedió el 29 de julio, mientras que este año poco impactó el paro en la producción derivado de la pandemia. De acuerdo con el Fondo Mundial para la Naturaleza (FMN) y el GFN, México cuenta con un déficit de huella ecológica que supera en un 122% a su biocapacidad, mientras que a nivel mundial y atendiendo a nuestros patrones actuales de consumo, requeriríamos de 1.7 planetas.

Los países desarrollados son los que consumen más, por lo tanto su huella ecológica es superior; sin embargo, cabe adicionar los procesos de producción. Por ejemplo, analizando el consumo de un país, si todo el mundo consumiera de la manera en que consume Estados Unidos de América, de acuerdo con las Cuentas Nacionales de la GFN, necesitaríamos los recursos de cinco planetas como el nuestro. Sin embargo, existe una manera para evitar el agotamiento de los recursos en un año; por ejemplo, de acuerdo con el FMN, si cada año retrasáramos el día de la sobrecarga de la tierra tan solo 4.5 días por año hasta el 2050, ese año volveríamos a vivir dentro de los límites de la tierra. Para ello existen distintas alternativas como son: reducir un 50% el desperdicio de los alimentos que de acuerdo con la ONU equivaldría a 650 millones de toneladas por año, restaríamos 11 días aproximadamente el día de sobrecarga, o si reducimos a la mitad el uso del coche, retrasaríamos la fecha 10 días.

Entonces ¿Cuál es el resultado de este modelo de economía lineal? un alto impacto ambiental que pone en riesgo a la humanidad con una serie de efectos económicos, sociales y de salud. Por ello, se apuesta por el sistema de economía circular, modelo económico cuyo paradigma consiste en dar prioridad al valor de cada proceso de producción, que va desde la extracción de materias primas considerándolos como recursos limitados, su transformación en productos o servicios y su reincorporación, podría también entenderse como un modelo de fabricación circular.

El modelo circular evita a toda costa la eliminación o generación de residuos y se basa en el flujo de materiales para la apertura de mercado, integrado por: diseño, producción, distribución, consumo, reutilización, remanufacturación y reciclaje. Apuesta por suministros circulares, recuperación de recursos, extensión de vida de los productos, plataformas compartidas, etc. Se trata de la circulación de materiales conforme a las dinámicas tecnológicas y biológicas en la economía, garantizando la distribución equitativa de los recursos, favoreciendo el uso de energías renovables, procesos basados en la reparación y regeneración, con estrategias de diseño de ciclo de vida de los productos que entiendan los procesos de funcionamiento de los ecosistemas.

Se enfoca principalmente en tres esferas: la económica, social y ambiental. Aunque la Organización Mundial de la Salud, reconoce que este paradigma impactaría positivamente en la salud humana. Desde el aspecto económico se visualiza como una nueva forma de producción que apuesta por la innovación empresarial en el diseño de los productos; desde lo social, el incremento en la generación de empleos, la Organización Internacional del Trabajo indica que tan solo en América Latina se pueden generar 6 millones de empleos a partir de este modelo; y en lo ambiental, por su reducción en el uso de los recursos naturales, atendiéndolos desde la perspectiva del aprovechamiento.

La herramienta más importante del modelo se encuentra en el diseño de los productos, ya que ahí es donde se concentra el 80% del impacto ambiental. De manera que no se trata de los residuos, sino del diseño de los productos. Se apuesta por incentivos a la innovación tecnológica e infraestructura que haga eficiente la producción, incorporando la economía circular como elemento clave no solo de la tercera sino también de la cuarta revolución industrial.

De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), entre 2018 y 2019, los residuos electrónicos incrementaron en un 38% a nivel mundial y solo se recuperó a través del reciclaje menos de un 20% del total de los residuos generados. Poner fin a la obsolescencia programada es uno de los principales elementos del modelo de economía circular, así como impulsar el mercado de la minería urbana.

En el modelo circular son partícipes los sectores público, privado y social a nivel local, nacional e internacional, en donde una vez consumido el producto, se puede someter a algún tipo de aprovechamiento que puede variar entre compostaje, reciclaje o cualquier tratamiento alternativo físico – químico, evitando en todo momento que los residuos llegue a un relleno sanitario. Pero no termina ahí, sino que cualquiera que haya sido el aprovechamiento, exista además el mercado de recuperación de materiales, de energía, etc., que permita aprovechar las materias primas para incorporarlas a los distintos procesos de transformación y completar con ello la fabricación circular. Por ello, la economía circular no significa reciclaje, no son sinónimos, éste es solo una parte del todo, es una de las distintas alternativas de aprovechamiento en el ciclo económico, que sin duda es importante pero no es la representación completa del modelo como se ha interpretado erróneamente y menos aún si bajo este contexto se intenta justificar proyectos que no apuestan desde el principio del ciclo a una producción sustentable o durante el proceso, a una separación desde la fuente de generación con un porcentaje de participación representativo al de consumo, que refleje un verdadero impacto en el desarrollo local.

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