
¿PUES NO QUE ERAN DIFERENTES?
UEFA quiere cambiar el modelo de Infantino. Para conseguirlo quizá tenga que aprender primero cómo Infantino construyó su poder. Y ahí el BIENESTAR aparece como su nuevo as bajo la manga.
Amigo lector:
En política existe un momento particularmente interesante.
Es aquel en que los principios se encuentran con la aritmética y las finanzas.
Porque indignarse resulta relativamente sencillo.
Conseguir votos es otra cosa.
Y en estos tiempos parece que cuando los argumentos no alcanzan, alguien termina poniendo dinero sobre la mesa.
¿O acaso esta vez será diferente?
Durante semanas hemos venido siguiendo la rebelión contra Gianni Infantino.
Comenzó con FIFA Forward Enterprise.
Después llegaron las acusaciones por falta de transparencia y los cuestionamientos sobre el poder político construido alrededor de los programas de desarrollo.
¿Le suena conocido?
Después vino la ruptura de confianza.
Las exigencias de gobernanza.
Las cartas.
Los abogados.
Los tribunales.
Y finalmente las federaciones que comenzaron a retirar públicamente su respaldo.
Esta semana llegó Grecia.
La Federación Helénica anunció claramente que ya no apoya la candidatura de Infantino.
Otro país europeo.
Otro voto.
Otro golpe.
Perfecto.
Pero existe un pequeño problema.
Grecia está en Europa.
Y el problema de UEFA ya no parece ser convencer a Europa.
El problema es convencer al mundo.
UNA REBELIÓN NO ES UNA MAYORÍA
No nos confundamos.
Aleksander Čeferin y sus aliados han conseguido algo que hace apenas algunas semanas parecía mucho más complicado.
Construyeron una oposición.
Francia se alejó.
Austria se alejó.
Dinamarca endureció su postura.
Bélgica reclamó explicaciones.
Grecia acaba de hacerlo públicamente.
Pero una cosa es construir una rebelión contra el presidente de FIFA.
Y otra muy diferente:
construir una mayoría contra el presidente de FIFA.
Porque las elecciones no se ganan con comunicados.
Se ganan con votos.
Y ahí aparece una diferencia extraordinariamente importante.
Formalmente todos valen exactamente lo mismo.
Políticamente, no necesariamente.
Un voto que UEFA consolida dentro de Europa suma uno.
Pero uno que consigue arrancarle a Infantino en África, Asia, el Caribe u Oceanía provoca un movimiento doble:
deja de estar potencialmente con el presidente…
y comienza a estar potencialmente con su adversario.
UEFA continúa conquistando territorio donde ya es poderosa.
La elección puede terminar decidiéndose en el territorio que todavía no controla.
Y FALTA ALGUIEN
Existe además otro pequeño inconveniente.
Hay rebelión.
Hay cartas.
Hay abogados.
Hay federaciones inconformes.
Hay principios.
Lo que todavía no hay es candidato.
O, mejor dicho:
todavía no aparece públicamente uno capaz de demostrar que puede reunir los votos necesarios para derrotar a Infantino.
Laura McAllister, vicepresidenta de UEFA, acaba de reconocer algo revelador.
Ni siquiera necesita ser europeo.
Tiene que ser creíble.
Tiene que unir confederaciones.
Y, sobre todo…
tiene que poder ganar.
Parece una obviedad.
No lo es.
Europa tiene 55 asociaciones.
FIFA tiene 211.
Y mientras UEFA busca quién transforme aquella rebelión en una candidatura mundial, las informaciones disponibles continúan señalando que Infantino conservaría suficientes respaldos para sobrevivir electoralmente.
Entonces ocurrió algo fascinante.
Apareció el dinero.
2,100 MILLONES DE DÓLARES
No un poco.
Muchísimo.
Aleksander Čeferin y Victor Montagliani enviaron una propuesta a FIFA.
Sostienen que las reservas de la organización podrían acercarse a los 6 mil millones de dólares al cierre del ciclo y solicitaron una revisión financiera independiente para determinar cuánto podría distribuirse entre las federaciones.
Su propuesta inicial:
al menos 10 millones de dólares adicionales para cada una de las 211 asociaciones de FIFA durante el ciclo 2027-2030.
Además de FIFA Forward.
Permítame sacar la calculadora.
211 federaciones.
10 millones cada una.
Alrededor de 2,100 millones de dólares.
Y faltan seis meses para elegir presidente de FIFA.
No estamos diciendo que UEFA esté comprando votos.
Sería irresponsable afirmarlo.
Tampoco que una federación que eventualmente reciba esos recursos vaya a votar automáticamente contra Infantino.
No existe evidencia para sostener ninguna de las dos cosas.
Estamos diciendo algo mucho más interesante.
La UEFA acaba de descubrir que la batalla por los principios también se disputa con dinero.
¿DE QUIÉN ES LA CARTERA?
Y aquí comienza la parte verdaderamente deliciosa.
Porque existe un pequeño detalle.
El dinero que propone repartir Čeferin…
no es de UEFA.
El que propone repartir Montagliani…
Tampoco es de CONCACAF.
Es de FIFA.
Y ése no es un detalle menor.
Porque una cosa es proponer cómo repartir la cartera propia.
Y otra bastante más interesante es proponer cómo abrir la cartera ajena.
Mire usted qué maravilla de la política.
Los adversarios de Infantino pretenden demostrar que FIFA tiene recursos suficientes para entregar muchísimo más dinero a sus asociaciones sin necesidad de recurrir al modelo de inversión privada que provocó esta crisis.
Puede ser.
Es una discusión financiera perfectamente legítima.
Pero entonces debemos hacernos una pregunta.
¿El problema era que FIFA utilizara enormes cantidades de dinero para desarrollar a sus federaciones?
¿O la verdadera discusión era quién decide cuánto, cómo y bajo qué reglas se distribuye?
Porque durante años una de las críticas alrededor de Infantino ha sido el poder político construido mediante FIFA Forward y su relación directa con las asociaciones pequeñas y medianas.
Ahora quienes pretenden cambiar aquel liderazgo proponen entregarles todavía más.
Cambió el repartidor.
El dinero sigue siendo de FIFA.
EL BIENESTAR DEL FÚTBOL
En México conocemos perfectamente este debate.
Cuando quien está enfrente reparte recursos, sus adversarios suelen encontrar rápidamente una palabra:
clientelismo.
Cuando quienes lo criticaban descubren las virtudes de repartirlos, normalmente encuentran otra bastante más elegante:
BIENESTAR.
Guardando todas las distancias, el fútbol mundial acaba de entrar en una discusión parecida.
UEFA y CONCACAF tienen una defensa importante.
Sostienen que el desarrollo debe ser una responsabilidad institucional de FIFA y no depender de la discrecionalidad de una persona.
Además, solicitan una revisión financiera independiente antes de determinar cuánto dinero podría distribuirse.
Correcto.
Quizá tengan razón.
Quizá FIFA tenga demasiado dinero acumulado.
Quizá las federaciones merezcan recibir mucho más.
Quizá una auditoría termine demostrándolo.
Pero existe algo que ninguna auditoría podrá borrar.
El calendario.
Estamos a seis meses de la elección.
Europa necesita votos fuera de Europa.
Y precisamente ahora aparece una propuesta para poner al menos 10 millones de dólares adicionales al alcance de cada una de las 211 federaciones.
¿Casualidad?
Puede ser.
¿Legítimo?
También puede ser.
¿Políticamente irrelevante?
De ninguna manera.
Porque una federación que ayer quizá no tenía demasiadas razones para escuchar la propuesta económica de los adversarios de Infantino…
hoy tiene diez millones de razones para preguntar exactamente de qué se trata.
Eso no garantiza un voto.
Pero garantiza atención.
MIENTRAS EUROPA CUENTA DÓLARES…
África está contando presidentes.
La Confederación Africana de Fútbol convocó a los presidentes de sus 54 asociaciones a una Conferencia Estratégica los días 7 y 8 de octubre en Cabo Verde.
Invitado:
Gianni Infantino.
Patrice Motsepe mantiene una estrecha relación con el presidente de FIFA, el Comité Ejecutivo de CAF ha expresado su respaldo y varias federaciones africanas también lo han hecho individualmente.
Oficialmente será una Conferencia Estratégica.
No una reunión electoral.
Perfecto.
Pero sería ingenuo mirar aquella fotografía olvidando que dentro de esa sala podrían encontrarse los presidentes de 54 federaciones con derecho a votar en marzo de 2027.
Mientras Europa cuenta dólares…
África reúne presidentes.
Y mire usted la belleza de los números.
UEFA tiene 55 asociaciones.
CAF tiene 54.
Cincuenta y cinco contra cincuenta y cuatro.
No significa que Europa vaya a votar unida.
Mucho menos que África lo haga.
Pero permite entender dónde está la verdadera batalla.
Porque si Europa cohesiona buena parte de sus 55 asociaciones y África mantiene una parte importante de sus 54 alrededor de Infantino…
la presidencia puede decidirse en otra parte.
Asia.
CONCACAF.
Oceanía.
Sudamérica.
Aquellas federaciones que apenas aparecen en las grandes conversaciones futbolísticas pueden terminar decidiendo la conversación más importante de todas.
Ya lo escribimos:
La CONMEBOL tiene las Copas.
CONCACAF tiene los votos.
Europa tiene la rebelión.
Infantino todavía tendría la mayoría.
EL ESPEJO
Y aquí llegamos al punto verdaderamente incómodo.
UEFA quiere derrotar el modelo político de Gianni Infantino.
Cuestiona su gobernanza.
Su manera de tomar decisiones.
Cuestionó FIFA Forward Enterprise.
Exige transparencia.
Pretende un nuevo liderazgo.
Todo eso puede ser legítimo.
Pero para conseguirlo está descubriendo que necesita competir precisamente en el territorio donde Infantino construyó buena parte de su fortaleza:
las federaciones pequeñas y medianas.
Y esas federaciones no viven de discursos sobre geopolítica.
Necesitan campos.
Academias.
Infraestructura.
Competencias.
Capacitación.
Desarrollo.
Y para conseguir todo eso necesitan algo muchísimo menos romántico:
DINERO.
Infantino lo entendió hace años.
Europa parece estar entendiéndolo ahora.
Y ahí aparece la paradoja más incómoda de esta historia:
para derrotar políticamente a Infantino, UEFA corre el riesgo de terminar pareciéndose políticamente a Infantino.
No necesariamente en sus métodos.
No necesariamente en su gobernanza.
Pero sí en una conclusión elemental.
Quien quiera gobernar FIFA necesita entender las necesidades de quienes votan.
Y resulta que la mayoría de quienes votan…
no están en Europa.
ENCONTRARON EL DINERO
Quizá por eso existe una imagen difícil de ignorar.
Europa consiguió encontrar 2,100 millones de dólares antes de encontrar al candidato que quiere sentar en la presidencia de FIFA.
Primero apareció la causa.
Después la rebelión.
Después la búsqueda.
Ahora apareció el dinero.
El candidato todavía viene en camino.
Y aquí aparece una pregunta extraordinariamente incómoda.
Si esas federaciones terminaran recibiendo más recursos gracias a una propuesta impulsada precisamente por quienes pretenden cambiar el liderazgo de FIFA…
¿quién capitalizaría políticamente el agradecimiento?
¿FIFA?
¿Infantino?
¿Čeferin?
¿Montagliani?
Ésta también es política.
Quizá UEFA encontró una extraordinaria herramienta para comenzar a conquistar los votos que todavía no tiene.
O quizá los 10 millones demuestran que los argumentos utilizados hasta ahora no le estaban alcanzando.
Existe incluso una tercera posibilidad:
que para derrotar el sistema político construido alrededor de Infantino…
La UEFA ha descubierto que primero tendrá que aprender a competir dentro de ese mismo sistema.
EL BIENESTAR YA ES GLOBAL
Y por si alguien piensa que semejante fenómeno pertenece exclusivamente al fútbol…
mire usted hacia Estados Unidos.
Donald Trump acaba de prometer un “dividendo” de 5,000 dólares a cada adulto estadounidense si el Partido Republicano conserva el control del Congreso.
La propuesta necesitaría aprobación legislativa.
No estoy diciendo que ambas situaciones sean jurídica, institucional o políticamente iguales.
No lo son.
Estoy observando algo bastante más sencillo.
El BIENESTAR dejó de ser un concepto local.
Parece haberse convertido en un fenómeno global.
Cambian los beneficiarios.
Cambian las cantidades.
Cambian los países.
Cambian las urnas.
Lo que no cambia es la fascinación de la política por descubrir las virtudes de abrir la cartera cuando se acercan las elecciones.
¿PUES NO QUE ERAN DIFERENTES?
Amigo lector:
Grecia ya levantó la mano contra Infantino.
Europa continúa revelándose.
África reúne presidentes.
El candidato opositor todavía no aparece.
Y alrededor del tablero comenzaron a caminar 2,100 millones de dólares.
Pero la pregunta continúa exactamente donde estaba:
¿Dónde están los 106?
Porque las elecciones de FIFA no se ganan teniendo más Copas.
No se ganan teniendo más estrellas.
Ni siquiera se ganan necesariamente teniendo razón.
Se ganan teniendo votos.
Gianni Infantino lleva diez años entendiéndolo.
Quizá Europa finalmente también.
Los principios sirven para comenzar una rebelión.
Los votos sirven para conquistar el poder.
Y cuando los principios no alcanzan para conseguir los votos…
alguien termina descubriendo las virtudes de repartir dinero.
En Washington:
5,000 dólares por adulto.
En México:
6,400 pesos bimestrales.
En Zúrich:
10 millones de dólares por federación.
¿Pues no que eran diferentes?
Mientras tanto, nosotros…
seguiremos buscando los 106.
Porque el dinero puede aparecer.
El candidato también.
Los respaldos pueden cambiar.
Pero hasta que alguien consiga demostrar dónde está la mayoría…
la rebelión seguirá siendo rebelión.
Todavía no revolución.
Mientras tanto, nosotros…
Veremos y Diremos.
Sígueme en mis redes sociales:
X: @pepehanan
Instagram: @pepehanan
Threads: @pepehanan
Facebook: pepehanan
TikTok: @pepehanan1
YouTube: enlineadeportiva




